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miércoles, 6 de enero de 2010

Cuando ya todo es en vano

“Solo le pido a la vida que no me duela morir” había implorado unos años atrás, le temía al sufrimiento, a la agonía, le temía al dolor y también le temía a la muerte, amaba la vida, la disfrutaba a cada instante y por ese amor que le tenía sintió el derecho de pedirle ese único favor.
Recordó el momento en el que había implorado aquella oración, sintió bronca por el irónico destino que le deparó su amada, un odio profundo recorrió sus venas e incremento el dolor punzante que le atacaba cada resquicio de su cuerpo, se había ido debilitando lenta e irremediablemente. Postrado en una cama se encontraba, sin esperanza y lleno de padeceres.
Respirar le dolía, pensar le dolía, nada por fuera del dolor podía sentir, solo la visita de sus hijos lo aliviaba, el segundo en que podía mirarlos a los ojos, jurarles amor eterno, decirles que eran las personas mas importantes y que por ellos lucharía hasta el final. Ellos lo miraban con una profunda tristeza, pero sin perder la esperanza, es que tan pequeños eran…
Y el se quedaba solo tras las fugaces visitas, pensando que los abandonaría, que jamás podría volver a besar sus frentes, mirar sus ojos, sonreír con ellos. Sus vidas no serían las mismas tras su muerte y esto le generaba un dolor en el alma superior a cualquier martirio físico que podía padecer.
“Solo le pido a la vida que no me duela morir” pensó en el último suspiro que le permitió su agonía, volvían los ahogos, no podía respirar, el aire iba faltándole cada vez mas, el rostro de cada uno de sus hijos apareció en su mente, una lagrima rodo por sus mejillas, intento levantarse, pero ya todo era en vano, estiro la mano intentando acariciar las imágenes de su mente, pero ya todo era en vano, quiso abrazarlos, correr con ellos, jugar con ellos, vivir con ellos, pero ya todo era en vano, la vida desapareció de su cuerpo y no dejo de sufrir ni el instante antes a morir…

miércoles, 22 de julio de 2009

Triste final de la tristeza

Tomo la carretera a gran velocidad, avanzó, se escapaba, sabia exactamente donde se dirigía, siempre que estaba mal iba al mismo lugar, la lluvia de hoy no le impediría llegar. La ciudad iba quedando atrás, la ruta le había dado paso al camino de tierra que lo conducía al campo de su abuelo, el camino de tierra, a fuerza de agua se había convertido en camino de barro, el maniobraba su vehículo que se deslizaba de un lado a otro, no le preocupaba si se le quedaba empantanado, no le preocupaba eso ni ninguna otra cosa, en realidad no le importaba nada, la vida había dejado de tener sentido porque la luz que otrora lo había alumbrado se había apagado para siempre, no había resistido mas de una hora en aquella horrible sala velatoria donde ella era el centro, acostada, imperturbable, sus ojos cerrados y su cara pacifica la hacían parecer dormida, él la había tocado con la esperanza de que despertara, sus manos tocaron su frente y el peso de una piedra muy dura le golpeo el pecho y le detuvo el corazón. Hasta ese momento pensaba que todo era una pesadilla, no daba crédito a sus sentidos, pero la verdad de repente le cayó como un rayo que le explotó la cabeza y no pudo quedarse, tuvo que escapar.
El agua seguía cayendo y el ya estaba llegando, clavo los frenos y bajo en medio del camino, se ahogaba con sus propias lágrimas, corría desesperado bajo la lluvia haleda, tropezaba, caía y se volvía a levantar, lloraba con fuerza, se golpeaba la cabeza con las manos, recordaba su sonrisa, y pensaba que jamás volvería a verla…
Miró el cielo y levanto las manos como niño que pide ser alzado, recordó todos los momentos que habían pasado juntos, recordó las risas que llenaban su cuarto, el amor que los envolvía cuando estaban juntos, recordó la enfermedad y todos los meses de lucha en los que la salvación siempre estaba a un paso y siempre era inalcanzable, no podía dejar de llorar, el llanto le contraía el estomago sentía un dolor tan profundo como el vacio de su vida, las palabras no alcanzarían para describir la desazón, se hundía en el barro, se hundía en sus lágrimas, se hundía en su dolor, le dolía la vida, odiaba pensar, quería salir de su cuerpo, escapar de su mente, la lluvia seguía golpeándole el cuerpo, pero el cuerpo no podía sentir nada por fuera de aquella última imagen de ella recostada, se le había instalado en la mente y no había forma de sacarla. Se tiro en el pasto deseando ahogarse y ahí se quedo esperando morir, ya nada tenía sentido y de nada tenía ganas, por ende nada haría que se levante, para siempre se quedaría ahí, solo con su recuerdo de ella…

jueves, 25 de junio de 2009

El viaje soñado

Los ojos se le cerraban, el sueño lo había atacado por la espalda y no parecía querer soltarlo, intentaba a duras penas mantener el control sobre si mismo, agarraba con fuerza el volante y se aferraba al aire que entraba por la ventanilla. La ruta estaba desierta, el sol del mediodía de julio le daba al auto una calidez y comodidad que no hubiera sentido en otro momento, todo conspiraba contra su cansancio, peleaba con sus parpados, avanzaba a los cabezazos miraba hacia adelante y se imaginaba en su casa, acostado en su cama, las cortinas abiertas le permitían al sol entrar y darle de lleno en la cara, le encantaba descansar con la candidez del fulgor solar y en eso estaba en su imaginación, acostado, calentito, el lejano sonido de Breaking Away le llegaba desde el reproductor de música a sus oídos, Sumo era una de sus bandas favoritas, intento tararear la canción, pero desistió inmediatamente, su ingles no era muy sofisticado y su voz ni se acercaba a la de Luca. Un sonido demasiado extraño para provenir de la melodía que le acariciaba el oído lo saco de su quietud, no lograba descifrar que era aquel ruido que lo había desconcentrado “parece… parece unos bocinazos” pensó. Fue ahí cuando se dio cuenta, abrió los ojos, su auto se estaba cambiando de carril, una Toyota se dirigía directamente hacia donde él estaba, sus buenos reflejos lo habían salvado en mas de una ocasión, pero esta vez hicieron caso omiso al estimulo. Nunca llegó a reaccionar, todo le parecía una prolongación de su imaginación, todo le parecía sacado de una película con imágenes en cámara lenta, ni el choque, ni el ruido, ni el golpe lo terminaron de sacar de su ensoñación, el impacto fue violento, muy violento, una punzada de dolor le atravesó cada centímetro del cuerpo. Comprendió que el coctel de errores entre los que sobresalían ir rápido, medio dormido y sin cinturón iba a costarle caro. Quiso gritar o llorar por el profundo dolor que estaba sintiendo, pero nada salió de su boca ni de sus ojos, solo sangre brotaba de su cuerpo que yacía inmóvil a un costado de la carretera. La muerte lo sorprendió en la ruta a la temprana edad de veinticinco años, la muerte es una enemiga astuta a la que hay que intentar evitar, pero sin duda, este no era un competidor demasiado respetable.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Destino fatal

No conseguía dormir, la imagen el accidente se repetía en su mente una y otra vez, buscaba motivos, trataba de explicarse, intentaba hallarle una explicación al hecho de no haber podido evitar el cuerpo de la pobre persona que perdió el control de su bici adelante suyo, una vida menos habitaba el mundo y él era el culpable, una familia ya no tenía un integrante a causa de que no llegó a frenar, “Como te ibas a imaginar que se iba a caer de un modo tan repentino ahí, tan cerca tuyo” le repetían sus amigos, pero a él no le importaba, no les llegaban, no lo llenaban sus consuelos, las lágrimas se agolpaban en sus ojos, el cuerpo le temblaba, siempre le había dado lástima matar una cucaracha y hoy había matado a un hombre, su tristeza no tenía consuelo, no hallaba la cura para su amargura, su pena no tenía fin y lo que mas lo perturbaba es que toda su congoja era una bagatela comparada con la de la esposa y los hijos que hoy se quedaron sin el padre que los cuidaba…

miércoles, 10 de septiembre de 2008

El tiempo pasa.

-Vos te venís conmigo – dijo, tenía una voz estruendosa, su llegada había llenado la habitación de una bruma espesa, bien en frente de sus ojos se hallaba un hombre, atónito por lo repentino de la aparición.
-¿Pe pe pero porque? – tartamudeo, no comprendía que hacia este ser extraño en su cuarto, ni ese humo, ni nada, estaba asustado y perplejo.
- Porque aquí no hay lugar para cobardes
- ¿Y quién te dijo que soy un cobarde?
-Nadie tiene que decirme nada, te estuve observando, vi tu actitud temerosa ante la adversidad, vi tus dudas, la vida se pasa y vos no te decidís, ¿Qué te pensas, que todo va a quedar estático mientras vos evalúas costes y beneficios? No, esto no funciona así, nunca escuchaste decir eso de que “la vida es para los que se arriesgan”, vos tuviste siempre tanto miedo a perder que terminaste no ganando nunca, asique, despedite de la incertidumbre, acá te dejo una certeza: “Game over”.
Esas últimas palabras quedaron resonando en la habitación mientras la bruma desaparecía junto con el “extraño ser”, el hombre que aún no salía de la perplejidad comenzó a sentir un agudo dolor en el pecho, los estertores de la muerte comenzaron a invadir lentamente los huecos del cuarto, el hombre agonizaba, solo, tirado en el suelo, aunque hubiera podido gritar nadie lo hubiera escuchado, nada de mentira habían tenido las palabras que hace un rato había escuchado… Quiso llorar, quiso pedir otra oportunidad, pero nada salió de su boca, su vida se acababa, se arrepintió de haber sido tan cagón, pero ya era tarde, muy tarde.

sábado, 31 de mayo de 2008

Historia de nadie

Camina con la calma de quien no tiene destino. No sabe donde va, pero tampoco le interesa. Camina despacio y piensa: para que sirve correr cuando no hay lugar a donde ir, para que escaparse cuando es uno mismo la fuente de su propia tristeza. De repente lo asusta darse cuenta que se esta dirigiendo hacia el fin, hacia su fin.

“No lo hagas” le decía una voz en su mente cuando se sentó en aquel terreno baldío. “No lo hagas” le repitió cuando saco el revolver de la mochila, “porque no voy a hacerlo” la mano derecha le temblaba al acercarse a su sien. “Te parece que no hay motivos para seguir, mira que después de esto no hay marcha atrás”; “ya lo se, ya lo se” apoyó el caño en su cabeza “eso es lo que quiero, que no haya marcha atrás”; “pero ¿porque? No hay nada tan grave para tomar esta decisión”; “¿No hay nada tan grave? ¿NO HAY NADA TAN GRAVE? ¿Quién mierda sos vos para decirme a mí que es grave y que no?”; “ja, soy la parte tuya que quiere seguir, la parte que no se caga porque la vida nos haya dado un par de cachetazos”; “que suerte que a vos te parezcan solo un par de cachetazos. Yo siento que me re cago a trompadas, y como yo decido esto se termina acá” cerro los ojo y apretó los dientes como nunca había creído que fuera posible apretar. “PARA” imploró la voz, pero ya estaba decidido. Ya no había regreso, la bala salió con un estruendo que hizo volar a todos los pájaros de la cuadra. Y él quedo tendido sobre la hierba con un hilo de sangre que brotaba lentamente de su cabeza.